Conocimiento, observación y orden natural.

La Biblia no es un libro de texto científico moderno, pero sí contiene pasajes que valoran la observación de la naturaleza, el orden del universo y la búsqueda de sabiduría.
Históricamente, muchos pioneros de la ciencia se apoyaron en la idea de que, si Dios es un legislador racional, el universo debe seguir leyes que podemos descubrir.
La Biblia sugiere que el mundo físico es una «revelación general» que apunta a un diseño inteligente. Salmos 19:1: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos». Romanos 1:20: «Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas…».Job 12:7-8: «Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán; o habla a la tierra, y ella te enseñará…».

Antes de que existiera el concepto formal de «leyes de la física», la Biblia hablaba de estatutos que rigen el cosmos. Jeremías 33:25: «Así ha dicho Jehová: Si no permanece mi pacto con el día y la noche, si yo no he puesto las leyes del cielo y de la tierra…». Job 38:33: «¿Supiste tú las leyes de los cielos? ¿Dispondrás tú de su potestad en la tierra?».

Muchos pasajes incentivan el uso de la mente y la investigación del entorno. Proverbios 18:15: «El corazón del prudente adquiere sabiduría; y el oído de los sabios busca la ciencia (conocimiento)». Eclesiastés 1:13: «Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo…». Daniel 1:4: En este pasaje se describe a jóvenes «sabios en toda sabiduría, dotados de entendimiento y conocedores de la ciencia». Existen versículos que algunos interpretan como intuiciones sobre la forma y el lugar de la Tierra antes de que fueran comprobados científicamente:Job 26:7: «Él extiende el norte sobre el vacío, cuelga la tierra sobre nada». Isaías 40:22: «Él está sentado sobre el círculo de la tierra…».

En el contexto bíblico, la palabra «ciencia» suele traducirse del hebreo da’at o del griego gnosis, que significan conocimiento o discernimiento. No se refiere estrictamente al «método científico» moderno, sino a la capacidad humana de entender la realidad.

Es fascinante observar cómo figuras de la talla de Isaac Newton y Johannes Kepler no veían una contradicción entre su fe y su trabajo científico; al contrario, consideraban que su labor era una forma de «pensar los pensamientos de Dios».

Johannes Kepler: «Sacerdote del Libro de la Naturaleza» Kepler, quien descubrió las leyes del movimiento planetario, creía que el universo era un reflejo de la perfección divina, para él, Dios creó el mundo según un plan matemático. Al descubrir las órbitas elípticas, sentía que estaba revelando la «geometría» de Dios. Se apoyaba en la idea de que el ser humano fue hecho a imagen de Dios (Génesis 1:27), lo que nos otorga la capacidad racional para entender las leyes que rigen la creación. Frase célebre: «Te doy gracias, Señor y Creador, por haberme dado este gozo en Tu creación… He tratado de mostrar a los hombres la gloria de Tus obras».

El Legislador y las Leyes Físicas, Newton es considerado por muchos el científico más influyente de la historia. Escribió más sobre teología y la Biblia que sobre física. Newton se basaba en versículos como Jeremías 33:25 (que menciona las «leyes del cielo y la tierra»). Para él, si Dios es un Dios de orden y no de confusión, el universo debe funcionar bajo leyes matemáticas constantes y universales. El Sistema Solar: En su obra Principia, argumentó que el movimiento de los planetas no podía haber surgido por puro azar, sino por un diseño inteligente. Su convicción: «Este bellísimo sistema del sol, los planetas y los cometas solo pudo haber procedido del consejo y dominio de un Ser inteligente y poderoso».

    Otros científicos y la «Doble Revelación»
    Muchos científicos de la Revolución Científica sostenían la teoría de los «Dos Libros»:

      El Libro de la Escritura: La Biblia, para conocer la voluntad de Dios. El Libro de la Naturaleza: La creación física, para conocer el poder de Dios.

      Robert Boyle (Padre de la química moderna): Creía que el estudio de la naturaleza era un deber religioso porque revelaba la sabiduría de Dios.

      Francis Bacon, consideraba que estudiar la ciencia era una forma de cumplir el mandato de Génesis 1:28 de «sojuzgar la tierra» y usar el conocimiento para el bien de la humanidad.
      El legado de esta mentalidad, lo que hoy llamamos «Método Científico» nació en gran parte gracias a la convicción que el universo es predecible, lógico y digno de ser estudiado, una premisa que estos hombres extrajeron de su lectura de los textos bíblicos.

      Es asombroso ver cómo descubrimientos que hoy damos por sentados nacieron de una profunda curiosidad teológica. Johannes Kepler y la «Música de las Esferas»
      Kepler estaba obsesionado con la idea de que Dios, al ser un geómetra perfecto, había impreso una armonía matemática en el sistema solar. Basándose en su fe en un Dios de orden, Kepler buscó una relación numérica entre las distancias de los planetas y sus tiempos de órbita. Esto lo llevó a su Tercera Ley del Movimiento Planetario la Ley Armón. Él creía que el sistema solar era un «himno visual» a Dios. En su libro Harmonices Mundi (La armonía del mundo), escribió que las velocidades de los planetas creaban una especie de «música» que solo la mente y el alma podía percibir, reflejando la sabiduría de Salmos 147:5: «Grande es el Señor nuestro, y mucho su poder; y su entendimiento es infinito».

        Isaac Newton y el «Relojero Divino»
        Newton no solo descubrió la gravedad, sino que intentó explicar por qué el sistema solar es estable. Al formular la Ley de Gravitación Universal, Newton se dio cuenta de que los planetas se atraen entre sí y que, con el tiempo, sus órbitas podrían desestabilizarse, propuso que Dios intervenía de vez en cuando para «ajustar» el sistema, como un relojero que da cuerda a su reloj. Aunque más tarde la ciencia (a través de Laplace) explicó que el sistema se estabiliza solo, la motivación de Newton venía de Colosenses 1:17: «Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten». Para él, la gravedad era el mecanismo físico por el cual Dios mantenía unido el universo.

          Robert Boyle y la «Química Útil»
          Boyle, el padre de la química moderna, es un caso muy especial porque él mismo financiaba traducciones de la Biblia mientras trabajaba en su laboratorio. Formuló la Ley de Boyle sobre la presión de los gases. La conexión bíblica: Él creía que el mandato de Génesis 1:28 «sojuzgad la tierra» no era para explotarla egoístamente, sino para entenderla y mejorar la condición humana (medicina, agricultura, industria). Para Boyle, un científico era un «sacerdote de la naturaleza» que revelaba los secretos de la creación para gloria de Dios. James Clerk Maxwell (Electromagnetismo) Incluso mucho después de Newton, Maxwell quien unificó la luz, el magnetismo y la electricidad grabó en las puertas del Laboratorio Cavendish en Cambridge el versículo de Salmos 111:2: «Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren». Para él, este versículo era la autorización divina para hacer ciencia: si Dios hizo las obras, nosotros tenemos el permiso y casi la obligación de investigarlas a fondo.

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